Llegué el Domingo a la ciudad por Autovía de un viaje de trabajo, cuando a tres o cuatro quilómetros del centro, toda la carretera me empezó a oler a mierda. Sí, a caca, hez, detritus o residuos. Pura mierda. Así estuvo la ciudad oliendo durante varios días, desde las afueras hasta el Casco Antiguo, mi lugar de mi trabajo, el parque al lado de casa... En fin, todo, de una manera nauseabunda.
Una de las cosas más graves es que la gente parecía no darse cuenta, o disimulaba. Llamé al Ayuntamiento para preguntar la causa del olor y me dijeron que no sabían nada. Cuando le dije a la telefonista que me parecía un grave problema de salud pública, contestó que se habían roto las tuberías y estaban trabajando en ello. La policía municipal cortó las calles del Centro, varias veces aquelllos días, y les interrogué sobre el fuerte olor, a lo que amablemente contestaron que estaban trabajando pero aún no lo habían localizado. Me alivió saber que no tenía del todo mal la pituitaria, y no me había equivocado. Cuando preguntaba a los compañeros de trabajo contestaban, simplemente, que a ellos les olía "un poco raro". Así durante varios días. A la que era entonces mi chica, el martes por teléfono, le dije que presentía que las cosas iban a cambiar dentro de poco y necesitaba tiempo para pensar. No lo entendió y me colgó, con algunas insinuaciones sobre mi salud mental. Después, cursé una solicitud por internet para trabajar en el Ministerio de Defensa. Al día siguiente ocurrió todo.
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